lunes, 25 de febrero de 2019

Arne Quinze Bellendemir

Siempre, me dicen los astros, tengo una conversación pendiente, me falta un recorrido nuevo o viejo, necesito un nuevo conocimiento, realizar una visita ausente...como en este caso la Ciudad de las Artes de Valencia, desobra conocida por mí, pero siempre pendiente. Si hay un artista valenciano que me interesa es Ripollés, aunque también haya otros.Valencia tiene el estilo de Ripollés, abierta, innovadora, a veces extranjera en el buen sentido. Ripollés es a Valencia como Velázquez a Madrid. Pero Ripollés no es el conocimiento ausente. En este caso se trata de Arne Quinze con su Jardín de esculturas de aluminio, que parecen hojalatas, pintadas con acrílico: rosas que ennoblecen los espacios y dan color anunciando un arte amatorio, más pequeño que el arquitectónico, de la vida; pero sumamente interesante y colorista.

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domingo, 24 de febrero de 2019

Vicente Perelló La Cruz


Amen dico tibi hodie mecum eris in paradiso (Lucas, 23: 43) Leer más...

viernes, 22 de febrero de 2019

dioses

¡Aunque el hombre es pequeño, qué grande es el hombre! Sólo se sabe cuando se pasea entre esos bellos y hermosos edificios de la Ciudad de las Artes en Valencia. Si uno mira hacia sí, observa la pequeñez. Es lo mismo que cuando se escudriña el cielo inundado de estrellas diminutas,ante esa inmensidad que es el espacio.
Estos peces de colores nocturnos en la inmensidad de la noche, en el vapor de la noche que todo lo transforma para ver figuras idílicas que nunca han existido. El mundo, dice uno, se ha vuelto al revés. La pequeñez humana se convierte en una creación divina, no de aquellos dioses griegos y romanos,que jugaban a ser humanos, sino de unos dioses sabios, matemáticos, perfectos dentro de una posible imperfección.

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sábado, 9 de febrero de 2019

Cruciforme

                                                    Diego Canogar: cruciforme

Hay imágnes antiguas que son nuevas. No son viejas, es decir, conocidas, repetidas, ..Lo viejo lo inunda todo. Es decir, lo joven o la falta de memoria todo lo invade.Las mismas sinsustancias, los mismos sinsabores, las mismas cruces. La cruz de lo repetido. Lo pasado pasado está. Lo joven significa pasar no lo pasado: las lecciones de siempre, el eterno aprendizaje, como si fuera algo nuevo -y para ellos, lo es-. 
La vejez lo invade todo en las redes, mientras las bibliotecas se mueren de risa.Y hasta los mayores repìten su adolescencia.
Un hedor profundo me llega por el móvil: posiblemente sea la guerra de los treinta años, el Renacimiento, o la vida de Sem Tob medieval. Un hedor me invade el móvil: la charleta de algún mayor hablando a los niños, o la pasión de un joven sobre las aventuras amorosas de Lope de Vega. El móvil siempre mira al presente presentando los hechos del pasado,que tanto nos costó aprender de niños.
¡Qué pena que la niñez no se repita para amar con más ahinco aquellos saberes que entonces no comprendiamos!. 

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miércoles, 6 de febrero de 2019

Enrique Cabildo

De nuevo, la escultura, ese deseo del hombre de hacer, construir,crear un semejante.Tallaje en mármol, madera,bronce,..da igual;una sirena, una abstracción, preferentemente la figura humana ,...todo dentro del más puro clasicismo. Mujer, sirena, maternidad,...Trabajos que parecen bien elaborados, ya sea en madera o piedra. ¡Hasta la cabeza dediablo!
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viernes, 1 de febrero de 2019

Nidos


He salido a la calle y he notado que no está la tarde para fiestas. La nieve, como si fuera viento y el viento nieve,  recorre el espacio invisible, como invisibles son los tentáculos del poder.
Apenas los gorriones, humildes, entre las adelfas, vuelan de rama en rama. Los nidos, inacabados, permanecen solitarios en el Retiro.¿Quién es su dueño? Y Carmena ha dicho que cierra las verjas, porque se nos cae encima el mundo. No me extraña que se apunte a otro poder, si no quiere morir tan pronto. Como dicen en los pueblos, con más razón que un santo, no se lo va a llevar -ya lleva años trabajando- al otro mundo.
En el horizonte, entre los nidos de palos, ya sean de paloma o de todos aquellos córvidos que hacen sus nidos con palos, se asoman las oscuras nubes que pretenden anunciar la primavera descargando su lluvia y nieve en la sequedad. Este año es lo que toca: sequía y caminar por el desierto como el pueblo elegido, según nos dijeron los testigos, entre los cuales se encuentran los maravillosos libros sagrados.
Construir una casa no es nada fácil. Y sobre todo si eres un pájaro (¡exceptuase los pájaros humanos!) que luchas a cuerpo partido con la naturaleza. Me gustaría ver a los animalistas –a todos esos que dieron el pésame al ganado vacuno y ovino cuando los llevaban al matadero para que murieran felices,besándolos en sus hocicos asquerosos.- ayudar a estas pobres criaturas que son los volátiles pájaros a recomponer en lo alto del pino su nido. ¿No os da lástima del trabajo que tienen estos vívidos pajaritos? ¡Qué animalistas más injustos! A mí, por ejemplo, me cae mejor un pájaro que un cerdo y me merece mayor ayuda: es más limpio y tienen un cerebro tan chiquitín, que dudo de esa teoría que dice que nos hicimos inteligentes a medida que nos fue creciendo el cerebro, que uno no acaba de comprender como tiene tanta inteligencia. Solo siento que esta noche cuando lleguen los vientos  a no sé cuántos kilómetros por hora según Carmena –por eso está cerrado El Retiro- no me los lleve lejos como si fueran papel de envolver un cigarrillo. Espero que al amanecer su cántico nos ilumine como la luz del sol, con esa alegría de libertad, volando y posándose, volando y posándose,…picando en los brotes de los rosales de La Rosaleda. Un nuevo día.
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