Llevábamos tiempo viendo salas del Museo. Aunque sabíamos que nos quedaba lo más importante del museo.Y de pronto surge en el camino que llevábamos un recoveco de salas con más Arte. Nos quedamos asombrados: era Arte Egipcio; pero si ya lo habíamos visitado en la primera planta. AH, este formaba un conjunto de obras, digamos, ESENCIALES. Parecían seleccionadas, porque si te fijabas su elaboración exquisita y tan detallista impresionaba. Además, el público que se encontraba en esas salas tenía un aire de educación fuera de lo habitual: comentaban en silencio, apenas hacían fotografías, respetuosamente cambiaban de lugar,etc. Esto me impuso un cierto respeto, de manera que muchas obras que se encontraban en estas salas dejé de fotografiarlas para fijarme un poco más en los detalles artísticos. Es como si, de todo el arte egipcio que poseen,hubieran hecho una selección del arte mejor elaborado y más perfecto.
Pero en todo lo bueno, aunque así se llame,siempre falta algo para que el momento, no el arte, sea perfecto. Y es que cuando todavía no habíamos visto este conjunto maracilloso de obras, se nos apagaron las luces. Nos qudamos a oscuras. La gente encendió el móvil y todos decíamos por lo bajo qué había sucedido. Pero nadie gritó, nadie salió corriendo, nadie se asustó. Todo como si fuera lo normal, lo que sucedía siempre. Empezamos a desfilar, pensando que tal vez cerrasen el Museo o que hubiese alguna amenaza de atentado, o..no sabíamos qué ; sólo que en salas lejanas, veíamos que había luz, y hacia allí nos dirigimos. Nunca supimos qué sucedió. Si volvió la luz, nosotros no volvimos. Tampoco los vigilantes parecían saber la respuesta. Una pena, pues estábamos viendo un Arte especial.Otra vez será.
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